Soundtrack

Hay días que me siento habitado por un perro–  comenté a Hilario.

El me vio, puso los ojos en blancos y continuó introduciendo números en el ordenador.

! Que es cierto hombre ! ¿Por qué no lo crees? ¿Nunca has sentido la necesidad de ajustar tantito la pierna al orinar? ¿O de sacar la lengua cuando viajas en la parte trasera de un auto?

Pues quizá Sansón, pero eso sí, te aseguro que nunca me han entrado ganas de andar oliendo traseros.

– !Aun así Hilario!

Ya tenía siete años trabajando con Hilario, y en todo ese tiempo nunca había tomado en serio las evidencias que le mostraba, pero vaya que ahora lo sabía. Un perro vivía dentro de mí y luchaba a cada segundo por apoderarse de mi cuerpo. Así era. De día  pasaba dormido, y en la noche rondaba por la casa, a veces   tomaba caminatas por el vecindario. Disfrutaba de un buen bistec, !claro! más cuando estaba crudo.

Un día caminando rumbo al trabajo, a lo lejos,  una silueta de cuatro patas se paralizó, levantó las orejas y me miró intensamente. La miré atento y quedé hipnotizado, me era tan familiar. Al acercarme, una ternura invadió cada fibra de mi ser y  mis ojos se llenaron de lágrimas. Supe por fin  que había encontrado a mi madre.

Por Luis Humberto Cruz Contreras