Soundtrack para el cuento

 

Piedra, Papel o tijera

– Ya hablando en serio canijos, miren solamente digo que  tengo más derecho de hablarle a Paola por que la conocí primero.

– Cállate Juan, que tú hasta novia tienes

– Juan la conoció primero pero tiene novia, y Toño solo de verla se pone más pálido que un muerto.

–  Buen punto Ramiro, pero…  pues para no ser injustos y caer en desigualdades, yo opino que juguemos un piedra, papel o tijera.

Podían  pasar horas platicando de lo mismo, de quien tenía más derecho  de acercarse a Paola y por fin declararle su amor puro y sincero. Desde la primaria se conocía esta terna de amigos. Y esta era la chica de turno en la que invertían todos sus ratos de ocio. Su hora preferida era a la hora de la salida.

– !Va… piedra papel o tijera..!

– !Pinche Ramiro, no sé cómo pero nos hiciste trampa!

– No, no señor, así aceptamos todos y asi se queda…

En la secundaria del pueblo, no había muchas muchachas, así que a menudo los enamoramientos y fantasías románticas tenían denominadores en común.

– Bueno y ¿qué le vas a decir… si has pensado en  eso?

– Nada más vas a llegar así de la nada y decirle:  Eres el amor de mi vida Paola, ¿quieres ser mi novia o que? ¿serías capaz de algo tan tonto?

– Mira Juanito yo insisto en que  te calles,  al fin y al cabo que importa cómo lo haga, lo que importa es que Paola ahora si va a tener dueño.

Finalmente con explicaciones poco convincentes y uno que otro trancazo Ramiro convenció a sus amigos,  estaba que reventaba de emoción, finalmente le hablaría a Paola, la chica con tez morena, de ojos que parecían dos enormes canicas, y  sonrisa que desarmaba hasta el más fuerte.

– !Mira, Mira Ramiro… voltea rápido!

‘- ¿Ya viste quien viene ahí en la esquina?

En eso apareció Paola, tan linda como de costumbre, sólo que hoy iba un poco diferente,  llevaba en su mano,  la mano de Felipe,  caminaba lento y recargando la cabeza en su hombro. Los tres amigos, se quedaron serios y en silencio, después compartieron grandes carcajadas y siguieron su camino.

por Luis Humberto Cruz Contreras